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Raquel Huerta Nava.
Las mujeres insurgentes en la Independencia y la Revolución.
Nov19,2010.
17hrs.
Auditorio José Inocente Lugo del IGC. (Chilpancingo, Gro)
Comentarista: Dra Rosa Icela Ojeda Rivera
Rogelio Ortega presentó el tema explicando la importancia de la perspectiva de equidad de género para visibilizar la importancia de la participación de la mujer en los procesos históricos, la amplitud del tema exige que solicite la participación Raquel Huerta y Rosa Icela Ojeda en términos de ponentes complementarias, lo que nos permitirá participar de primicias de investigación en el marco de este seminario del bicentenario.
Aplicar la perspectiva por la equidad de género a la investigación histórica, ha permitido, mirando más allá de las élites, reconstruir rasgos de la vida en el siglo XVIII, para entender, más allá de los hechos de armas, las definiciones vitales de participación de las mujeres en los procesos de insurgencia.
El primer resultado de revisar nuestras fuentes historiográficas es que aunque sólo nos hagan notar ciertas (muy pocas) mujeres de la élite, fueron muchas las mujeres participantes, y en muchas actividades, que una vez identificadas resultan decisivas para entender la independencia y sus resultados. De la primera revisión superficial, resultan por lo menos 300 nombres de mujeres de todo el país, 19 mujeres de lo que es hoy el estado de Guerrero.
Hay un discurso ideológico que es necesario deconstruir, develar, para poder caracterizar la manipulación sexualizada que se hace por la contraparte: llama la atención que declaran, como si nada, que las mujeres no se meterían en este tipo de lides (la insurgencia) y que de hacerlo serían extremadamente peligrosas porque lo que involucrarían para convencer sería inmensamente poderoso (como sucede con el caso de la persecución de las brujas).
Muchas mujeres (en algún parte de Iturbide se menciona que “todas las mujeres”) estaban con los insurgentes por el hermano, el esposo o el hijo, y también aparecen mujeres que no dejaron el bando realista que fueron perseguidas por el parentesco familiar; ha identificado simpatizantes, financiantes y además mujeres combatientes y líderes de tropa (también hubo delatoras) y es conveniente dejar claro que, de las que fueron ejecutadas, ninguna se arrepintió.
Con ésta perspectiva de análisis, en busca de la equidad, durante las celebraciones del bicentenario hemos logrado la oportunidad de rescatar nombres y hechos de personas que de otra manera se mantendrían encubiertas en olvidos oficiales.
Estamos ante el caso de un país que, con el olvido de su pasado, de los nombres de sus próceres y de las mujeres que han hecho posible el presente, corre el riesgo de caer fácilmente en justificaciones de la persistencia de principios que deshumanizan, persiguen, prohiben, empobrecen, invisibilizan e incurren no pocas veces en el abuso sexual, la explotación, nuevas formas de esclavismo y de condiciones que nuestros ancestros lucharon por erradicar.
También durante la Revolución, los roles de participación eran mucho más que sólo los de combatiente. A las mujeres podemos encontrarlas como lavanderas, enfermeras, cocineras, amantes y también de espías o hasta delatoras, como también las hubo financiantes y jefas en combate. Pero las búsquedas de mejoría de las condiciones de vida no sólo se perseguían mediante la guerra.
Y la perspectiva por la equidad de género hace mucho más importante asumir que, las miradas desde el discurso único y desde la pluralidad de ideas, se enfrentan por explicar el predominio de diferentes formas de participación, proyectándose hasta el presente y a los diversos órdenes de la vida social, desde la vida cotidiana a la vida política, desde las definiciones de afinidad personal-sexual hasta las formas de participación en el orden religioso, profesional, o cultural.